
En muchos bloques de Gipuzkoa, especialmente en los levantados durante el boom industrial de los sesenta y setenta como Galtzaraborda en Errenteria o Amaña en Eibar, la calefacción sigue dependiendo de una sala de calderas común. Funciona con gas o gasóleo para todo el edificio. Aquí el salto a la aerotermia no se puede plantear piso a piso, como si fuera una reforma doméstica aislada. La decisión debe tomarse a escala comunitaria porque afecta a elementos comunes y a la estructura del reparto energético entre vecinos.
La junta de propietarios necesita un estudio técnico previo que analice la potencia total requerida y las opciones reales para ubicar las unidades exteriores. En fachadas muy próximas, el ruido rebota y molesta, por lo que hay que calcular bien la instalación eléctrica y ver si es viable un sistema híbrido durante la transición. No vale solo cambiar la caldera; implica definir cómo se repartirán los consumos y qué espacio libre se dispone en cubierta o patio.
Aerotermia colectiva en bloques con sala de calderas de gasóleo o gas
En un bloque de pisos, la aerotermia deja de ser un asunto individual para convertirse en una decisión comunitaria. Aquí no se coloca una unidad exterior en el balcón de cada vecino, sino que se estudia una instalación centralizada que dé servicio a todo el edificio. La potencia necesaria es la suma de las demandas de todas las viviendas, lo que exige dimensionar bien los equipos y el circuito común de distribución. En barrios como Altza o Bidebieta en Donostia, o en San Andrés en Arrasate, donde conviven comunidades con calderas centrales antiguas, este enfoque cambia por completo el escenario técnico y económico frente a la sustitución de radiadores piso por piso.
El momento ideal para evaluar esta transición llega cuando toca cambiar la caldera central de gasóleo o gas natural. Esos edificios, frecuentes en la zona de la Ría y en bloques industriales de Eibar, ya cuentan con una sala de instalaciones y una red de tuberías existente. Aprovechar esa infraestructura reduce obras mayores en el interior de los portales. Además, permite valorar opciones híbridas donde la nueva bomba de calor aire-agua trabaja codo a codo con la caldera antigua durante una fase intermedia. Antes de decidir nada, la junta de propietarios debe contar con un estudio a escala de edificio que analice el espacio disponible en cubierta, el refuerzo eléctrico necesario y cómo se repartirán los consumos entre los vecinos.
Dónde instalar las bombas de calor de un edificio: cubierta, patio o sala de calderas
En bloques de los años sesenta en laderas como Galtzaraborda o Amaña, la cubierta suele ser el sitio más práctico para una bomba de calor. El problema es el peso y el acceso: subir un equipo a una calle en cuesta puede exigir grúa. Además, hay que reforzar la estructura si la base no aguanta. En Donostia, con fachadas muy próximas, el ruido rebota hacia las ventanas de los últimos pisos; conviene elegir modelos silenciosos y alejarlos de dormitorios. La comunidad debe aprobarlo en junta, pues la cubierta es elemento común.
Si la cubierta está saturada, los patios interiores de edificios antiguos en el Casco Viejo o en Tolosaldea permiten colocar unidades exteriores. También sirve reutilizar la antigua sala de calderas comunitaria, especialmente si se mantiene un sistema híbrido junto a la caldera de gasóleo o gas existente. Eso sí, esta opción exige verificar el espacio libre para que circule el aire y prever el desagüe del desescarche. En zonas húmedas y frías como Goierri, ese agua puede congelarse, así que se protege con bandeja calefactada. Antes de decidir, las empresas instaladoras locales miden in situ qué hueco queda en cada caso.
Potencia eléctrica y acometida para una aerotermia comunitaria
En bloques de los años sesenta, como en Galtzaraborda o Amaña, la instalación eléctrica original no está pensada para alimentar bombas de calor aire-agua. Al sustituir calderas individuales o centrales por aerotermia, el consumo eléctrico se dispara y obliga a un refuerzo real. Es una partida crítica que muchos presupuestos olvidan incluir hasta que la comunidad descubre que los cables existentes no soportan la nueva demanda.
Hay que coordinar dos frentes: con la distribuidora, para aumentar la potencia contratada o modificar la acometida si es insuficiente; y con el instalador habilitado, que debe calcular la sección del cableado interior y la protección necesaria. Sin esta verificación previa, la obra se parará. En fachadas próximas y patios de luces, donde el equipo exterior necesita espacio libre, cualquier cambio eléctrico afecta al conjunto del edificio y requiere decisión en junta.
Bomba de calor y caldera existente durante la transición
En valles interiores como el Goierri o el Alto Deba, donde las heladas y nieblas persistentes en Beasain, Arrasate o Bergara pueden bajar mucho la temperatura nocturna, dejar la caldera de gas no es un despilfarro. La solución pasa por un sistema híbrido: la bomba de calor aire-agua cubre el grueso del invierno con agua templada, mientras que la caldera existente salta automáticamente en los días más crudos para asegurar el confort sin sobrecargar la instalación eléctrica. Esta estrategia aprovecha el equipo que ya está instalado y evita cambios radicales en pisos de ladera con radiadores antiguos.
El proceso se plantea por fases para adaptar la vivienda gradualmente. Primero se instala la unidad exterior y se conecta al circuito, manteniendo la caldera operativa como respaldo. Después, según la respuesta térmica del inmueble, se decide si conviene sustituir ciertos radiadores por modelos de baja temperatura o mejorar el aislamiento de ventanas orientadas al norte. Así, en edificios apretados de Donostialdea o Tolosaldea, la transición es suave y reversible, permitiendo ajustar el uso de cada fuente de energía conforme a las condiciones reales del clima oceánico local.
Reparto del consumo de la calefacción por aerotermia entre vecinos
En edificios con calefacción centralizada en bloques de Gipuzkoa, la comunidad instala contadores o repartidores individuales por vivienda. Estos aparatos miden el calor que consume cada piso a través de sus radiadores o suelo radiante. El objetivo es pagar según el uso real y no por metro cuadrado, lo que resulta más justo para quien mantiene su hogar fresco durante buena parte del día.
La instalación común necesita electricidad para mover compresores y bombas. Ese gasto eléctrico se divide entre todos los vecinos mediante coeficientes de participación definidos en los estatutos de la comunidad. No depende de cuánto calienta tu casa, sino de mantener el sistema funcionando para el conjunto. En zonas como Altza o Amaña, donde las fachadas están muy juntas, este reparto evita conflictos por costes compartidos de una infraestructura colectiva.
Documentación técnica de aerotermia que necesita la comunidad para decidir
Antes de convocar la junta en un bloque de Errenteria o Tolosa, conviene tener sobre la mesa el estudio de potencia y la ubicación exacta. En fachadas a patio de luces o balcones estrechos, el ruido rebota entre edificios vecinos, así que hay que ver qué modelo cabe sin molestar a los dormitorios contiguos. También hace falta la propuesta eléctrica: si toca subir la potencia contratada o reforzar la acometida. Sin estos papeles, los propietarios solo oyen promesas genéricas.
La documentación técnica debe detallar cómo se reparte el gasto entre vecinos y si la comunidad tiene ayudas pendientes del Ente Vasco de la Energía o bonificaciones municipales locales. No vale cualquier oferta; hay que comparar partida por partida lo que propone cada instalador habilitado de Gipuzkoa. Ver si incluyen el desmontaje de calderas antiguas, la legalización según el RITE y el mantenimiento anual previo al invierno, especialmente para limpiar baterías con hojas o salitre según esté cerca de Zarautz o en el alto Deba.